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Casa Navàs recopila las piedras de la fachada que destruyó la Guerra Civil

Se han inventariado diez piezas originales trabajadas con decoración

La propiedad de Casa Navàs ha decidido recuperar el aspecto original del que es uno de los edificios modernistas más importantes de toda Europa. El primer paso para la reconstrucción ha estado recopilar todas las piedras originales, se han encontrado diez trabajadas con decoración. Ahora, se están inventariando y catalogando para poder hacer réplicas iguales.

Reus fue la tercera ciudad catalana más bombardeada durante la Guerra Civil Española. La casualidad hizo que una de las bombas impactara sobre la Casa Navàs y destruyera los techos de la segunda planta, el frontispicio y la torre. Este hecho cambió, para siempre, el aspecto original de uno de los edificios más emblemáticos del arquitecto Lluís Domènech i Montaner.
Ahora, la propiedad de Casa Navàs –formada por el empresario Xavier Martínez y la heredera Dolors Blasco– ha decidido restaurar los efectos de la guerra y recuperar dos emblemas de la casa como son la torre y el fontispicio. Estos trabajos se harán gradualmente y, de momento, se centrarán solo en uno de los dos proyectos que será una realidad el próximo 2020.

Después de desarrollar el proyecto arquitectónico, restauradores con una amplia experiencia en el sector han empezado los trabajos de reconstrucción. El primero que se ha hecho es recopilar todas las piedras originales que durante años han sido repartidas por diferentes masías de la familia Font de Rubinat. En concreto se han encontrado diez piezas trabajadas con decoraciones. De estas, cinco corresponden a la fachada, principalmente son de la cornisa y todavía hay la duda si alguna de ellas formaba parte de la torre. Las otras cinco son del fontispicio. También hay varias piezas trabajadas con formas rectas que formaban parte de piedras de forma prismática y cornisas más rectas que no se usaron en la primera reconstrucción.
Cuando la bomba impactó sobre la Casa Navàs, los propietarios de la casa –en aquel momento Joaquim Blasco y Maria Font de Rubinat– guardaron las piedras en uno de los edificios que tenían en la calle de la Prisión y las fueron trasladando en carro a las masías que la familia tenía en las afueras de la ciudad. Desde entonces las piezas han estado repartidas por estos terrenos. Ahora, 80 años más tarde, la propiedad ha decidido juntarlas para catalogarlas y garantizar la futura conservación.

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